martes, 17 de octubre de 2017

PETER SINGER

Capítulo 40
Un tábano moderno Peter Singer

Estás en un jardín en el que sabes que hay un estanque. Oyes un chapoteo y unos gritos. Parece que un niño ha caído al agua y puede que se esté ahogando. ¿Qué haces? ¿Acudes a su rescate? Aunque hayas quedado con un amigo y llegues tarde, lo más seguro es que la vida del niño te parezca más importante que ser puntual. El estanque no es muy profundo, pero sí está muy sucio. Si ayudas al niño tus mejores zapatos se estropearán. Pero si no lo haces, no esperes que nadie lo entienda. Estamos hablando de un ser humano. La vida de un niño es mucho más valiosa que un par de zapatos, por caros que sean. Cualquiera que no lo vea así es una especie de monstruo. Tú saltarías al agua, ¿verdad? Claro que sí. El problema es que también eres suficientemente rico para evitar que un niño de África muera de hambre o de una enfermedad tropical curable. Probablemente eso no cueste
mucho más que el par de zapatos que estarías dispuesto a estropear para salvar al niño del estanque.

¿Por qué no has ayudado pues a otros niños (suponiendo que no lo hayas hecho)? Donar una pequeña cantidad de dinero a la organización de beneficencia adecuada salvaría al menos una vida. Hay muchas enfermedades infantiles que pueden prevenirse fácilmente con una cantidad de dinero relativamente pequeña para vacunas y otras medicinas. ¿Por qué alguien que muere en África no te afecta del mismo modo que un niño que se ahoga delante de ti? En caso de que sí te afecte igual, formas parte de una minoría. La mayoría no lo hacemos, aunque nos sintamos algo incómodos por ello.

El filósofo australiano Peter Singer (1946) afirma que el niño que se ahoga delante de ti  y el que se muere de hambre en África no son tan distintos. Deberíamos preocuparos más por aquéllos que podemos salvar en todo el mundo de lo que solemos. Si no hacemos algo, niños que de otro modo vivirían sin duda alguna morirán. Esto no es una conjetura. Sabemos que es cierto. Sabemos que miles de niños mueren cada año por causas relacionadas con la pobreza. Algunos mueren de hambre mientras en los países desarrollados tiramos comida que se pudre en el frigorífico antes de que lleguemos a comérnosla. Otros no tienen siquiera acceso a agua limpia para beber. Deberíamos renunciar a uno o dos lujos que en realidad no necesitamos para ayudar a personas que han tenido la mala suerte de nacer donde lo han hecho. Es una filosofía difícil de llevar a cabo. Pero eso no significa que Singer esté equivocado acerca de lo que deberíamos hacer.

 Podrías decir que aunque tú no dones dinero a ninguna organización de beneficencia, alguien probablemente sí lo hará. El peligro de esta actitud es que todos nos quedemos de brazos cruzados, esperando que sea otro el que done lo necesario. Hay tanta gente en todo el mundo que vive en la extrema pobreza y se va a dormir hambrienta cada día que si dejamos la beneficencia en manos de unos pocos no podremos cubrir sus necesidades. Es cierto que en el caso del niño que se ahoga delante de ti es muy fácil ver si alguien más acude en su ayuda. En los países lejanos es más difícil comprobar los efectos de lo que hacemos nosotros y los de las acciones de otras personas. Pero eso no significa que no hacer nada sea la mejor solución.

En relación a este punto también está el miedo de que donar dinero a países extranjeros provoque que los pobres se vuelvan dependientes de los ricos, y esto les disuada de encontrar formas de cultivar su propia comida y construir sus propios pozos y lugares en los que vivir. Con el tiempo, esto podría provocar que las cosas fueran todavía peor que si no donaras nada. Hay casos en los que países enteros se han vuelto dependientes de la ayuda extranjera. Esto no quiere decir, sin embargo, que no debamos contribuir a las organizaciones de beneficencia, sino que deberíamos informarnos acerca del tipo de ayuda que éstas ofrecen. Una ayuda médica básica puede proporcionar a los pobres una buena oportunidad de llegar a ser independientes de esta ayuda exterior. Hay organizaciones que son muy buenas formando a lugareños para que puedan ayudarse a sí mismos, ya sea construyendo pozos de agua potable u ofreciéndoles educación sanitaria. El argumento de Singer no es que debamos simplemente contruibuir con dinero, sino que deberíamos hacerlo a través de aquellas organizaciones que con más probabilidad vayan a beneficiar a los desfavorecidos de un modo que más adelante les permita vivir con independencia. Su mensaje es claro: casi con toda seguridad, podrías tener una verdadera influencia en la vida de otras personas. Y deberías.

Singer es uno de los filósofos vivos más conocidos. Esto se debe en parte a que ha cuestionado algunos puntos de vista muy extendidos. Algunas de las cosas en las que cree son extremadamente controvertidas. Mucha gente está convencida de la absoluta inviolabilidad de la vida humana (esto es, que en todos los casos está mal matar a otro ser humano). Singer no. Si, por ejemplo, alguien se encuentra en un estado vegetativo irreversible (esto es, si su cuerpo se mantiene vivo pese a carecer de conciencia o posibilidad alguna de recuperación y ya no hay esperanza), Singer opina que la eutanasia sería apropiada. Según él, no tiene mucho sentido mantener vivo a alguien en este estado, puesto que no tiene capacidad de sentir placer ni de mostrar ninguna preferencia sobre cómo vivir. Tampoco ningún deseo de seguir viviendo, ya que es incapaz de sentir deseo alguno.

Opiniones como ésta le han hecho impopular en algunos ámbitos. Le han llegado a llamar nazi por defender la eutanasia en esas circunstancias especiales, a pesar de que sus padres eran judíos vieneses que tuvieron que huir de los nazis. El apelativo hace referencia al hecho de que los nazis asesinaron a miles de enfermos y discapacitados físicos y mentales alegando que no merecían vivir. Ahora bien, sería una equivocación llamar «eutanasia» al programa nazi, pues no pretendía evitar un sufrimiento innecesario, sino  librarse de aquellos que los nazis consideraban «bocas inútiles» por no poder trabajar y porque supuestamente contaminaban la raza aria. No había «piedad» alguna en ello. Singer, en cambio, está interesado en la calidad de vida de quienes se encuentran en ese estado vegetativo y sin duda nunca apoyaría en modo alguno las políticas nazis, por mucho que algunos de sus oponentes caricaturicen sus ideas para que suenen muy parecidas.

Singer se hizo famoso con sus influyentes libros sobre el trato a los animales, especialmente con Liberación animal, publicado en 1975. A principios del siglo xix, Jeremy Bentham ya había hablado acerca de la necesidad de tomarse en serio el sufrimiento de los animales, pero cuando Singer comenzó a escribir sobre este tema en la década de 1970, pocos filósofos compartían su punto de vista. Singer, al igual que Bentham y Mill (ver los capítulos 21 y 24) es un consecuencialista. Esto significa que para él la mejor acción es aquélla con la que se obtiene el mejor resultado. Y para obtener el mejor resultado se ha de tener en cuenta qué es lo que beneficia a todos los implicados, incluidos los animales. Al igual que Bentham, Singer creía que el rasgo clave fundamental de la mayoría de los animales es su capacidad de sentir dolor. Como seres humanos, a veces experimentamos un sufrimiento mayor del que sentiría un animal en la misma situación, puesto que tenemos la capacidad de razonar y comprender lo que nos sucede. Esto también se ha de tener en cuenta.

A los que no le dan suficiente importancia a los intereses de los animales, Singer los llama «especieístas». Es como ser racista o sexista. Los racistas tratan a los miembros de su propia raza de un modo distinto: se dan a sí mismos un tratamiento especial. Niegan a los miembros de otras razas lo que se merecen. Un racista blanco, por ejemplo, le daría antes trabajo a otro blanco que a un negro más cualificado. Esto es algo claramente injusto y está mal. El especieísmo es como el racismo. Nace del hecho de tener únicamente en cuenta la perspectiva de la propia especie o estar claramente predispuesto a su favor. Muchos de nosotros pensamos únicamente en otros seres humanos cuando hemos de decidir qué hacer. Pero eso está mal. Los animales pueden sufrir, y su sufrimiento debería tenerse en cuenta.

Esto no quiere decir que debamos tratar a todas las especies de animales del mismo modo. No tendría sentido alguno. Si a un caballo le das una manotada en la grupa probablemente no le harás mucho daño. Los caballos tienen una piel muy gruesa. Si, en cambio, le haces lo mismo a un bebé humano, le causarás un intenso dolor. Ahora bien, para Singer, golpear al caballo con fuerza suficiente para causarle el mismo daño que si pegaras al bebé es, moralmente, un acto igual de reprobable. Obviamente, no deberías hacer ninguna de las dos cosas.

Singer opina que todos deberíamos ser vegetarianos, pues podemos vivir perfectamente bien sin comer animales. Gran parte de la producción de carne causa sufrimiento a los animales y algunas granjas son tan crueles que los maltratan abiertamente. Los pollos de las granjas factoría, por ejemplo, viven confinados en jaulas diminutas, a algunos cerdos los crían en compartimentos tan pequeños que no pueden ni darse la vuelta, y la matanza del ganado suele ser extremadamente angustiante y dolorosa para ellos. No puede ser moralmente correcto permitir que estas prácticas sigan teniendo lugar, afirma Singer. Y otras formas más humanas de crianza de animales son también innecesarias, puesto que podemos vivir sin comer carne. Fiel a sus principios, en uno de sus libros llegó incluso a imprimir una receta de lentejas para animar a sus lectores a buscar alternativas a la carne.

Los animales de granja no son los únicos que sufren a manos de los seres humanos. Los científicos utilizan animales para sus investigaciones. Además de ratones y conejillos de indias, en los laboratorios también pueden encontrarse gatos, perros, monos, e incluso chimpancés, muchos de los cuales sufren dolor y angustia al ser drogados o recibir electrochoques. La prueba de Singer para determinar si una investigación es moralmente aceptable es la siguiente: ¿estaríamos dispuestos a realizar el mismo experimento con un ser humano con daño cerebral? Si la respuesta es negativa, él considera que tampoco es correcto utilizar al animal con un nivel similar de percepción mental. Es una prueba dura, y no muchos experimentos la superarían. En la práctica, pues, Singer se opone con firmeza al uso de animales en las investigaciones científicas.

 El planteamiento moral de Singer está basado en la idea de la consistencia. Esto significa tratar casos similares de modo similar. Si hacerle daño a un ser humano está mal porque le estamos causando dolor, lo lógico es que el dolor de otros animales también afectara a nuestro comportamiento. Y si hacerle daño a un animal causa más dolor que hacérselo a un ser humano y hay que escoger una de las dos opciones, es preferible lo segundo.

Al igual que Sócrates muchos años antes que él, Singer asume riesgos en sus declaraciones públicas sobre cómo deberíamos vivir. En algunas de sus conferencias ha habido protestas y él ha recibido amenazas de muerte. Sin embargo, representa la mejor tradición filosófica, pues pone en cuestión constantemente creencias ampliamente aceptadas. Singer vive según sus principios filosóficos, y cuando no está de acuerdo con otras personas, siempre está dispuesto a desafiarlas y entablar una discusión pública.

Y, lo que es más importante, las conclusiones de Singer se apoyan en argumentos razonados y en hechos fundados. No hay que estar de acuerdo con él para apreciar su sinceridad como filósofo. Al fin y al cabo, la filosofía se alimenta del debate; de personas con posiciones contrarias que discuten utilizando las evidencias y la lógica. Aunque no estés de acuerdo con las ideas de Singer sobre el estatus moral de los animales o las circunstancias en las que la eutanasia puede ser moralmente aceptable, es muy posible que leer sus libros te haga reflexionar sobre tus creencias y los hechos, razones y principios en los que éstas se basan.

 La filosofía comenzó con preguntas incómodas y desafíos difíciles. Mientras haya filósofos tábanos como Singer a nuestro alrededor, hay muchas posibilidades de que el espíritu de Sócrates siga determinando su futuro.

 4º TRABAJO DE FILOSOFÍA

Capítulo 4º  NIGEL WARBURTON – UNA PEQUEÑA HISTORIA DE LA FILOSOFÍA

Un tábano moderno – Peter Singer

1º Busca información en la wiki sobre Peter Singer

2º Según Singer, ¿por qué tenemos la obligación de ayudar a un niño necesitado (de medicamentos o de alimentos que hacen posible que no muera) de cualquier parte del mundo?

3º ¿Cómo podemos ayudar?

4º ¿Qué excusas solemos poner para no hacerlo? (son dos excusas)

5º ¿Qué podemos replicar a esas excusas?

6º Explica el mensaje de Singer: “casi con toda seguridad, podrías tener una verdadera influencia en la vida de otras personas. Y deberías tenerla”:
a) ¿por qué podrías?
b) ¿por qué deberías?

7º Singer defiende la eutanasia en determinadas condiciones. Explica
a)       ¿qué es la eutanasia? (busca información en la wiki)
b)      ¿en qué circunstancias según Singer la eutanasia está moralmente justificada?
c)       ¿A qué principio moral, explicitado en el libro, se confronta la eutanasia?
d)       A Singer por defender la eutanasia le han calificado de nazi ¿Es comparable la eutanasia que él defiende y considera moralmente legítima con los programas de eutanasia que ejecutaron los nazis?

8º Singer se hizo famoso por un libro que publico en 1975
a)        ¿Cómo se titulaba dicho libro?.
b)       ¿De qué trataba dicho libro?.
c)       ¿Qué otros filósofos anglosajones anteriores a Singer habían tratado este tema?

9º Singer es un mantiene una postura ética que se denomina “consecuencialismo” ¿Puedes explicar qué es el consecuencialismo?

10º ¿Por qué según consecuencialistas como Singer hay que tener en cuenta los intereses de los animales?

11º ¿Qué es un especieísta?

12º ¿Por qué según Singer deberías ser vegetariano?

13º Singer también se opone a el uso de animales en la investigación científica. Explica la prueba que Singer nos propone para determinar si una investigación con animales es moralmente aceptable.

14º Para justificar sus puntos de vista, Singer utiliza en su argumentación “el principio de la consistencia”. ¿Podrías explicar dicho principio?

15º ¿Por qué Singer es una especie de Sócrates moderno? (hay 4 razones)

INVITACIÓN A LA FILOSOFÍA - PRÓLOGO

TRABAJO SOBRE EL PRÓLOGO DE INVITACIÓN A LA FILOSOFÍA (Comte-Sponville)

1º Para hacer el trabajo, necesito:
     a)       3 folios   
     b)      Buscar en el aula virtual el pdf del libro “Invitación a la filosofía” de Comte-Sponville y leer el prólogo

2º Título del trabajo (debe aparecer en mayúscula y subrayado):

LOS CINCO RASGOS DEL SABER FILOSÓFICO (trabajo de lectura sobre el prólogo del libro de August Comte-Sponville “Invitación a la filosofía”)

3º En la parte superior de cada una de las cinco caras de los folios, pondremos una característica del saber filosófico: universal, esencial y radical, reflexivo, crítico y práctico (en mayúscula y subrayado). Por ejemplo: UNIVERSAL

4º Debajo de cada característica, explicaremos cada una de ellas a partir de nuestra lectura de los apuntes de clase. La explicación no puede superar las cinco líneas.

5º Después, leeremos el prólogo del libro e iremos apuntando todas las frases que podamos relacionar con alguna de estas cinco características. Cada una de esas frases deberá aparecer debajo de la característica correspondiente entrecomillada y separada de las demás citas por un guion. Por ejemplo:

UNIVERSAL
-          “¿Su objeto? La totalidad, con el hombre en su seno. O el hombre, pero en el seno de la totalidad”
-          “…………………………………………………….”
-          “…………………………………………………….”

Debemos recoger TODAS las citas posibles no sólo algunas. Para que os sirva como pista, aparecen:
-          En UNIVERSAL: 2 citas
-          En ESENCIAL Y RADICAL: 2 citas
-          En REFLEXIVO: 5 citas
-          En CRÍTICO: 2 citas
-          En PRÁCTICO: 8 citas
Alguna cita puede aparecer debajo de más de un término.


ARISTÓTELES

Capítulo 2
La verdadera felicidad Aristóteles

«Una golondrina no hace verano.» Podrías pensar que se trata de una frase de William Shakespeare o de otro gran poeta. Lo parece. En realidad procede del libro de Aristóteles Ética a Nicómaco, así llamado porque se lo dedicó a su hijo Nicómaco. Lo que pretendía decir Aristóteles es que
 se necesita algo más que la llegada de una golondrina –así como algo más que un día cálido– para demostrar que el verano ha llegado. Del mismo modo, unos pocos momentos de placer no constituyen la verdadera felicidad. Para Aristóteles, la felicidad no es una cuestión de diversión a corto plazo. Curiosamente, consideraba que los niños no podían ser felices. Esto suena algo absurdo. Si los niños no pueden ser felices, ¿quién puede? Pero revela lo alejada que estaba su visión de la felicidad de la nuestra. Los niños apenas están comenzando sus vidas, de modo que no han tenido
todavía una vida plena. La verdadera felicidad, argumentaba él, requiere una vida más larga.

Aristóteles fue alumno de Platón, y éste lo había sido de Sócrates. Estos tres grandes pensadores forman, pues, una cadena: Sócrates–Platón–Aristóteles. Suele suceder así. Los genios no acostumbran surgir de la nada. La mayoría ha contado con un maestro que le ha inspirado. Aun así, las ideas de estos tres pensadores son muy distintas. No se limitaron a reproducir lo que les habían enseñado. Cada uno de ellos tenía un punto de vista original. Dicho de un mo- do simple, Sócrates era un gran orador, Platón un escritor soberbio y a Aristóteles le interesaba todo. Sócrates y Pla- tón consideraban el mundo visible un pálido reflejo de la verdadera realidad a la que sólo se podía llegar mediante un pensamiento filosófico abstracto; Aristóteles, en cam- bio, estaba fascinado por los detalles de todo aquello que le rodeaba.

Desafortunadamente, casi todos los escritos de Aristóteles que han sobrevivido son apuntes de clase. Aun así, estas notas han tenido una enorme influencia en la filosofía occidental, a pesar incluso de que su estilo es con frecuencia algo árido. Ahora bien, Aristóteles no era sólo un filósofo: también se sentía fascinado por la zoología, la astronomía, la historia, la política y el teatro.

 Aristóteles nació en Macedonia el año 384 a. C. Después de estudiar con Platón, viajar y trabajar como tutor de Alejandro Magno, fundó su propia academia en Atenas, conocida como Liceo. Este centro de aprendizaje fue uno de los más famosos de la Antigüedad, y era algo así como una universidad moderna. Aristóteles enviaba investigadores a distintos lugares y luego éstos regresaban con información nueva sobre cualquier temática: de la sociedad política a la biología. También fundó una importante biblioteca. En un famoso cuadro renacentista de Rafael, La escuela de Atenas, Platón señala hacia arriba, en dirección al mundo de las Formas; Aristóteles, en cambio, extiende el brazo hacia el mundo que tiene delante.

A Platón ya le habría parecido bien filosofar desde un sillón; Aristóteles prefería analizar la realidad que percibimos mediante los sentidos. Rechazó la Teoría de las Formas de su maestro, pues creía que el único modo de comprender cualquier categoría general es mediante el estudio de sus ejemplos particulares. Es decir, para comprender lo que es un gato, él pensaba que es necesario ver gatos reales, no pensar de forma abstracta en la Forma del gato.

Una cuestión sobre la que Aristóteles reflexionó lar- gamente fue «¿Cómo deberíamos vivir?». Tanto Sócrates como Platón habían contestado a esa pregunta antes que él. La necesidad de contestarla es en parte lo que hace que la gente se acerque a la filosofía. Aristóteles tenía su pro- pia respuesta. La versión sencilla es ésta: en busca de la felicidad.

 ¿Pero qué significa ir «en busca de la felicidad»? Hoy en día, la mayoría de las personas a las que se les propusiera que fueran en busca de la felicidad pensarían en formas de pasárselo bien. Para ti la felicidad quizá implica vacaciones exóticas, ir a festivales de música o a fiestas, o bien pasar algún tiempo con amigos. También puede significar repantingarte con tu libro favorito, o ir a una galería de arte. Ahora bien, aunque ejemplos como éstos podrían constituir los ingredientes de una buena vida, Aristóteles no creía que el mejor modo de vivir fuera ir en busca del placer de esta forma. Bajo su punto de vista, cosas como éstas por sí solas, no conformarían una buena vida. La palabra griega que Aristóteles utilizó es eudaimonia (que en inglés se pronuncia «youdie-moania»,1 («Mueres lamentándote») (pero significa lo opuesto). Se traduce a veces como «florecer» o «tener éxito» más que como «felicidad». Es algo más que las sensaciones agradables que puedas obtener de comer un helado con sabor a mango o de ver ganar a tu equipo favorito. Eudaimonia no consiste en los momentos fugaces de dicha o en cómo te sientes. Es algo más objetivo, lo cual puede resultar difícil de entender, pues estamos acostumbrados a pensar que la felicidad está relacionada con cómo nos sentimos y nada más.

 Piensa en una flor. Si la riegas, procuras que le dé la suficiente luz y la alimentas un poco, crecerá y florecerá. Si la descuidas, la mantienes a oscuras, permites que los insectos roigan sus hojas y dejas que se seque, se marchitará y morirá, o, en el mejor de los casos, tendrá un aspecto lamentable. Los seres humanos también pueden florecer como plantas, aunque a diferencia de éstas, nosotros tomamos nuestras propias decisiones: decidimos qué queremos hacer y ser.

Aristóteles estaba convencido de que existe una naturaleza humana y de que los seres humanos tienen una fun- ción. Hay un modo de vivir que se adecúa más a nosotros. Lo que nos diferencia de otros animales y de todo lo demás es que podemos pensar y razonar sobre lo que debemos hacer. De acuerdo con esto, concluyó que la mejor vida para un ser humano es aquélla que utiliza los poderes de la razón.

 Sorprendentemente, Aristóteles creía que las cosas que desconoces –e incluso acontecimientos posteriores a tu muerte– pueden contribuir a tu eudaimonia. Esto puede parecer extraño. Suponiendo que no hay vida después de la muerte, ¿cómo puede afectar a tu felicidad aquello que sucede cuando ya no estás presente? Bueno, imagina que eres padre y que, en parte, tu felicidad reside en las esperanzas depositadas en el futuro de tu hijo. Si, por desgracia, este hijo cae gravemente enfermo después de tu muerte, tu eudaimonia se verá afectada por ello. Según Aristóteles, tu vida habrá empeorado, a pesar incluso de no estar presente. Esto ejemplifica a la perfección su idea de que la felicidad no depende únicamente de cómo te sientes. Desde este punto de vista, la felicidad está relacionada con lo que logras en la vida; y esto puede verse afectado por lo que les suceda a quienes te importan. Acontecimientos fuera de tu control y conocimiento pueden influir. Que seas feliz o no dependerá en parte de la buena suerte.

La pregunta central es: «¿qué podemos hacer para incrementar nuestra posibilidad de eudaimonia?». La respuesta de Aristóteles es: «desarrollar el carácter adecuado». Has de sentir las emociones adecuadas en el momento justo y éstas te conducirán a un buen comportamiento. En parte, esto dependerá de cómo has sido educado, pues el mejor modo de desarrollar buenos hábitos es practicarlos desde temprana edad. Así pues, la suerte también interviene. Los buenos patrones de conducta son virtudes; los malos son vicios.

Piensa en la virtud de la valentía en tiempos de guerra. Puede que un soldado tenga que arriesgar su vida para salvar a unos civiles del ataque de un ejército. A una persona temeraria no le preocuparía su propia seguridad y no vacilaría en involucrarse en una situación peligrosa, aunque no necesitase hacerlo. Sin embargo, eso no es valentía, sólo imprudencia a la hora de afrontar los riesgos. En el otro extremo, un soldado cobarde no podría vencer su miedo para actuar de un modo adecuado y se quedaría paralizado de terror cuando más se le necesitara. En esta situación, sin embargo, una persona verdaderamente valiente o audaz sentiría miedo, pero sería capaz de sobreponerse y hacer algo. Aristóteles creía que toda virtud se encontraba entre dos extremos. Aquí la valentía está a medio camino entre la temeridad y la cobardía. Esto se suele conocer como la doctrina aristotélica de la Aurea Me- diocritas.

 El interés del planteamiento ético de Aristóteles no es únicamente histórico. Muchos filósofos modernos piensan que estaba en lo cierto acerca de la importancia de desarrollar las virtudes, y que su opinión sobre la felicidad era acertada e inspiradora. En vez de procurar incrementar nuestro placer en la vida, dicen, deberíamos intentar ser mejores personas y hacer lo correcto. Esto es lo que hace que la vida vaya bien.

Según esto, parecería que Aristóteles sólo estaba interesado en el desarrollo individual. No es así. Los seres humanos son seres políticos, aseguraba. Necesitamos ser capaces de vivir con otras personas y necesitamos un sistema de justicia para controlar el lado oscuro de nuestra naturaleza. La eudaimonia sólo se puede conseguir en sociedad. Vivimos juntos, y hemos de encontrar la felicidad interactuando con aquéllos que nos rodean en un estado político ordenado.

La brillantez de Aristóteles tuvo un desafortunado efecto secundario. Era tan inteligente, y sus estudios tan concienzudos, que muchos de los que leyeron su obra pensaron que tenía razón en todo. Esto fue nocivo para el progreso, y nocivo para la tradición filosófica que Sócrates había iniciado. Durante cientos de años, la mayoría de los eruditos aceptaron sus opiniones sobre el mundo como una verdad incuestionable. Les bastaba con poder demostrar que Aristóteles había dicho algo. Esto es lo que a veces se llama «argumento de autoridad», y consiste en creer que algo ha de ser cierto porque una «autoridad» importante así lo ha dicho.

¿Qué crees que sucedería si dejaras caer desde un lugar alto un trozo de madera y otro de un metal pesado del mismo peso? ¿Cuál llegaría antes al suelo? Aristóteles pensaba que el objeto hecho del material más pesado, el de metal, caería más rápido. Sin embargo, no es así. Caen a la misma velocidad. Como Aristóteles había declarado que era cierto, durante el periodo medieval prácticamente todo el mundo creía que así debía ser. No se necesitaban más pruebas. En el siglo xvi, Galileo Galilei dejó caer una bola de madera y una bala de cañón desde la torre inclinada de Pisa para comprobarlo. Ambas llegaron al suelo al mismo tiempo. Aristóteles estaba equivocado. Pero habría sido muy fácil demostrarlo mucho antes.

 Confiar en la autoridad de otro era algo completamente contrario al espíritu de la investigación de Aristóteles. También va en contra del espíritu de la filosofía. Una autoridad no demuestra nada por sí misma. Los métodos de Aristóteles eran la investigación, el estudio y el razonamiento. La filosofía crece con el debate, con la posibilidad de estar equivocado, con los puntos de vista contrapuestos, y la exploración de alternativas. Afortunadamente, en casi todas las épocas ha habido filósofos dispuestos a poner en tela de juicio lo que otras personas opinaban. Un filósofo que intentó pensar críticamente sobre absolutamente todo fue el escéptico Pirrón.

5º TRABAJO DE FILOSOFÍA – LA VERDADERA FELICIDAD (Aristóteles)

   Dibuja a Platón y a Aristóteles tal como los pintó Rafael en el fresco “La Escuela de Atenas” (puedes copiar el dibujo que aparece en la página http://www.supercoloring.com/es/dibujos-para-colorear/platon-y-aristoteles o imprimirlo, colorearlo y luego utilizarlo como portada o frontispicio de tu trabajo). EJERCICIO OBLIGATORIO (quien no sepa o quiera dibujar, que imprima la imagen y la repase con rotulador negro o la coloree)

1º Busca información sobre los siguientes asuntos (entre cinco y diez líneas como máximo en cada apartado):
-         -  El reino de Macedonia y Filipo II (busca en la wiki)
-         - Alejandro Magno y la conquista del Imperio persa (busca en la wiki)
-          - Aristóteles (busca en la wiki pero sólo la biografía y principales obras)

2º ¿ Del mismo modo que “una golondrina no hace verano”, por qué unos momentos de placer no hacen a un hombre verdaderamente feliz?

3º ¿Por qué para Aristóteles un niño no es verdaderamente feliz aunque lo parezca?

4º Según Warburton ¿Qué fue Sócrates? ¿Y Platón? ¿Y Aristóteles?

5º ¿Cuáles eran los campos de interés de Aristóteles además de la filosofía?

6º ¿Qué era el Liceo?

7º a)      En el fresco de Rafael, los dos filósofos en su mano izquierda portan un libro. ¿Cuál es el título del libro que lleva Platón? ¿Y el título del que lleva Aristóteles?

b)       ¿A dónde señalan Platón y Aristóteles con su mano derecha?

8º ¿Por qué rechazó Aristóteles la Teoría de la Formas de Platón?

9º ¿Cuál es la respuesta de Aristóteles a la pregunta “¿Cómo debemos vivir?”?

10º ¿Por qué no coincide la idea que la mayoría de las personas tenemos acerca de la felicidad con la que tenía Aristóteles?

11º
a)       ¿Con qué palabra griega designó Aristóteles a la felicidad?

b)      ¿Cómo podemos traducir también dicha palabra?

12º La eudaimonía consiste en cierta medida en crecer y florecer como si los hombres fuésemos una planta. ¿Te parece el florecimiento una buena metáfora de en qué debe consistir la buena vida para los seres humanos, la verdadera felicidad? Justifica tu respuesta

13º Sin embargo, aunque podamos llegar a florecer como plantas, la felicidad del ser humano no puede ser la de un geranio. ¿Por qué la felicidad de los seres humanos es tan diferente a la de las plantas?

14º Entonces, ¿en qué consiste según Aristóteles la felicidad para el ser humano? Es decir, ¿cuál es para el hombre el modo adecuado de florecer (un florecimiento completamente distinto al de las plantas o los animales al ser nuestro “modo de vivir” tan diferente)?

15º ¿Por qué para Aristóteles la felicidad depende también, al menos en parte, de la buena suerte?

16º Para Aristóteles, la respuesta correcta a la pregunta “¿Qué podemos hacer para incrementar nuestra posibilidad de llegar a ser felices?” es “Llegar a desarrollar el carácter adecuado”. 

a)       ¿En qué consiste tener un carácter adecuado, un buen carácter para Aristóteles?

b)      ¿Por qué es tan importante tener un buen carácter?

c)       ¿De qué depende en parte el tener un buen carácter?

d)      ¿Qué son las virtudes?

e) ¿Y los vicios?

17º La valentía es un ejemplo de una cualidad propia de alguien que tiene un buen carácter. La valentía es un patrón de conducta bueno, una virtud, que hace que seamos capaces de enfrentarnos a los peligros que nos acechan. Pues bien, para Aristóteles toda virtud es un término medio entre dos extremos (es “la doctrina del justo medio” o como la denominan en el libro, la “Aurea Mediocritas”). ¿Por qué para Aristóteles las virtudes, como por ejemplo ocurre con la valentía tal como se nos explica en el libro, se encuentra entre dos extremos?

18º ¿Por qué según Aristóteles no basta con ser buenas personas, con ser virtuosos, y necesitamos también la política (necesitamos que la sociedad este organizada y que alguien la gobierne)?

19º El pensamiento de Aristóteles fue el más influyente durante dos mil años. De ahí que Aristóteles se convirtiese en la máxima autoridad en muchas materias.

a)       Explica qué es el “Argumento de autoridad”.

b)      ¿Habría defendido Aristóteles este argumento?

20º Comenta la siguiente frase: “Una autoridad no demuestra nada por sí misma. El método debe ser la investigación, el estudio, el razonamiento. La filosofía crece con el debate, con la posibilidad de estar equivocado, con los puntos de vista contrapuestos, con la exploración de alternativas. Afortunadamente, en todas la épocas ha habido filósofos dispuestos a poner en tela de juicio lo que otros filósofos opinaban?


martes, 10 de octubre de 2017

HANNAH ARENDT

Capítulo 35
El hombre que no hacía preguntas 
Hannah Arendt
   
    El nazi Adolph Eichmann era un administrador diligente. Desde 1942 estuvo a cargo del transporte de judíos europeos a campos de concentración de Polonia, entre ellos Auschwitz. Esto formaba parte de la «Solución Final» de Adolf Hitler: el plan para acabar con todos los judíos que vivieran en las tierras ocupadas por las fuerzas alemanas. Eichmann no fue responsable de la política de asesinatos sistemáticos –no había sido idea suya–, pero sí estuvo profundamente implicado en la organización del sistema de ferrocarril que lo hizo posible.

    Desde la década de 1930, los nazis habían estado promulgando leyes que restringían cada vez más los derechos de los judíos. Hitler les culpaba de prácticamente todo lo que iba mal en Alemania y sentía un demencial deseo de venganza. Estas leyes les impedían ir a escuelas públicas, les obligaban a entregar al Estado su dinero y propiedades y les hacían llevar una estrella amarilla cosida a la ropa. También les obligaban a vivir en guetos: superpobladas secciones de ciudades que se convirtieron en auténticas prisiones. La comida escaseaba, y la vida era difícil. Ahora bien, la Solución Final supuso un nuevo nivel de maldad. La decisión de Hitler de asesinar a millones de personas a causa únicamente de su raza supo- nía que los nazis necesitaban un modo de sacar a los judíos de las ciudades y llevarlos a algún lugar en el que pudieran matarlos masivamente. Convirtieron los campos de concentración existentes en factorías para gasear e incinerar a cientos de personas al día. Como muchos de estos campos estaban en Polonia, alguien tenía que organizar los trenes que transportaban a los judíos a su muerte.

    Mientras Eichmann permanecía en su oficina revolviendo papeles y haciendo importantes llamadas de teléfono, millones de judíos morían como resultado del sistema que él había organizado. Algunos perecieron de fiebre tifoidea o de inanición, a otros les hicieron trabajar hasta la muerte, pero la mayoría fueron asesinados con gas. En la Alemania nazi los trenes eran puntuales, Eichmann y otros como él se habían asegurado de ello. Su eficiencia mantenía los vagones de ganado llenos. Dentro iban hombres, mujeres y niños, todos obligados a realizar un largo y doloroso viaje hacia la muerte, normalmente sin comida ni agua, a veces bajo un intenso calor o frío. Muchos morían durante el trayecto, sobre todo los ancianos y los enfermos.

Los supervivientes llegaban débiles y aterrados. Una vez en el campo, los nazis les obligaban a entrar en unas cámaras camufladas de duchas y desnudarse. Luego cerraban las puertas. Allí era donde los mataban con gas Cyclon. Luego se quedaban con sus posesiones e incineraban los cadáveres. Si no eran seleccionados para morir inmediatamente de este modo, los más fuertes eran obligados a trabajar en condiciones atroces y sin apenas alimentos. Los guardias nazis les solían golpear o incluso disparar por mera diversión.

     Eichmann jugó un importante papel en estos crímenes. A pesar de ello, al terminar la Segunda Guerra Mundial consiguió escapar de los aliados y se las arregló para llegar finalmente a Argentina, donde estuvo viviendo en secreto durante varios años. Sin embargo, en 1960, miembros del servicio de inteligencia israelí, el Mosad, lo localizaron en Buenos Aires y lo capturaron. Tras drogarlo, se lo llevaron en avión a Israel para someterlo a un juicio.

    ¿Era Eichmann una especie de bestia malvada, un sádico que disfrutaba con el sufrimiento de otras personas? Eso era lo que la mayoría de la gente creía antes de que comenzara el juicio. ¿Cómo si no podía haber tenido un papel tan relevante en el Holocausto? Durante varios años su trabajo fue buscar formas eficientes de enviar a la gente a la muerte. Sólo un monstruo sería capaz de dormir por las noches después de realizar una tarea como ésa.

    La filósofa Hannah Arendt (1906–1975), una alemana judía que había emigrado a los Estados Unidos, escribió sobre el juicio a Eichmann para la revista New Yorker. Estaba interesada en encontrarse cara a cara con un producto del estado totalitario nazi, una sociedad en la que no había demasiado espacio para pensar por uno mismo. Quería comprender a este hombre, ver cómo era; y averiguar cómo había podido hacer cosas tan terribles.

     Eichmann no era ni mucho menos el primer nazi que Arendt conocía. Ella misma había dejado Alemania huyendo de los nazis, instalándose primero en Francia y luego en los Estados Unidos. Cuando estudiaba en la Universidad de Marburgo, uno de sus profesores fue Martin Heidegger. Durante un breve periodo de tiempo, fueron amantes, a pesar de que ella sólo tenía 18 años y él estaba casado. Por aquel entonces, Heidegger estaba ocupado escribiendo Ser y tiempo (1962), un libro increíblemente difícil que algunas personas consideran una importante contribución a la filosofía y otros una obra deliberadamente oscura. Más adelante, pasaría a ser un miembro activo del Partido Nazi y defendería sus políticas antijudías. Incluso eliminó el nombre de su antiguo amigo, el filósofo Edmund Husserl, de la página de dedicatorias de Ser y tiempo porque era judío.

     Sin embargo, en Jerusalén Arendt iba a conocer a un nazi muy distinto. Se trataba de un hombre corriente que había elegido no pensar en lo que estaba haciendo. Esto había tenido unas consecuencias desastrosas, pero él no era el sádico malvado que ella había esperado encontrar. Era algo mucho más común pero igualmente peligroso: un hombre irreflexivo. En una Alemania en la que la peor forma posible de racismo había sido elevada a ley, a Eichmann le resultó fácil convencerse de que estaba haciendo lo correcto. Las circunstancias le ofrecieron la oportunidad de labrarse una carrera exitosa, y la aprovechó. Para él, la Solución Final de Hitler supuso una oportunidad de prosperar, de demostrar que podía hacer un buen trabajo. Esto puede resultar difícil de imaginar, y muchos críticos de Arendt no creen que tuviera razón, pero ella creía que Eichmann era sincero cuando éste declaró que estaba cumpliendo con su deber.

    A diferencia de algunos nazis, Eichmann no parecía sentir ningún odio irracional contra los judíos. Carecía de la maldad de Hitler. Había muchos nazis que no habrían tenido ningún problema en darle una paliza mortal a un judío en la calle por no saludarles con un «Heil Hitler!», pero él no era uno de ellos. Sin embargo, había acatado y aceptado la postura oficial del partido, y, cosa mucho, mucho peor, había ayudado a enviar a la muerte a millones de personas. Ni siquiera al escuchar las pruebas contra él dio la impresión de que creyera haber hecho nada incorrecto. Por lo que a él respectaba, puesto que no había infringido ninguna ley, no había matado a nadie directamente y tampoco pedido a nadie que lo hiciera por él, su comportamiento había sido razonable. Le habían educado para obedecer la ley y entrenado para seguir órdenes. Además, a su alrededor todo el mundo hacía lo mismo que él. Puesto que acataba las órdenes de otros, no se sentía responsable de las consecuencias de su trabajo diario.

    Eichmann no tenía por qué ver a la gente apiñada en los vagones de ganado ni visitar los campos de exterminio, así que no lo hizo. Estamos hablando de un hombre que le dijo al tribunal que no podría haber sido médico porque no soportaba la visión de la sangre. Y sin embargo, la sangre todavía manchaba sus manos. Era el producto de un sistema que de algún modo había conseguido que evitara pensar de un modo crítico sobre sus propias acciones y las consecuencias de éstas sobre personas reales. Era como si careciera completamente de empatía. Se pasó todo el juicio convencido de su inocencia. Eso, o había decidido que su mejor línea de defensa era decir que sólo obedecía la ley; en este caso, logró engatusar a Hannah Arendt.

    Arendt utilizó las palabras «la banalidad del mal» para describir lo que vio en Eichmann. Algo «banal» es común, aburrido y falto de originalidad. Según Arendt, la maldad de Eichmann era banal en tanto que, más que la de alguien perverso, era la maldad de un burócrata, la del encargado de una oficina. Era un hombre rematadamente común que había permitido que las ideas nazis afectaran todo lo que hacía.

     La filosofía de Arendt estaba inspirada por los elementos que la rodeaban. Ella no era uno de esos filósofos que se pasan la vida en un sillón pensando en ideas puramente abstractas o debatiendo hasta la saciedad acerca del significa- do exacto de una palabra. Su filosofía estaba influenciada por la historia reciente y las experiencias vividas. Lo que escribió en su libro Eichmann en Jerusalén estaba basado en sus propias observaciones de un hombre y el lenguaje y justificaciones de éste. Partiendo de lo que había visto, desarrolló explicaciones más generales sobre la maldad en un estado totalitario y sus efectos en aquéllos que no se opusieron a su forma de pensar.

    Al igual que muchos otros nazis, Eichmann fue incapaz de ver las cosas desde la perspectiva de otros. No fue suficientemente valiente para poner en cuestión las órdenes que recibía: se limitaba a buscar el mejor modo de cumplirlas. Carecía de imaginación. Arendt le describió como super- ficial y no muy inteligente, aunque también puede que se tratara de teatro. De haber sido un monstruo habría sido terrorífico. Ahora bien, al menos los monstruos son poco frecuentes y, por lo general, bastante fáciles de reconocer. Lo que quizá le hacía todavía más aterrador era precisamente el hecho de que pareciera alguien tan normal. Era un hombre común que, al no poner en cuestión lo que estaba haciendo, tomó parte en algunos de los actos más atroces conocidos por la humanidad. Si no hubiera vivido en la Alemania nazi, es improbable que hubiera cometido maldad alguna. Las circunstancias se conjuraron en su contra. Pero eso no le exculpa. Había obedecido órdenes inmorales. Y obedecer órdenes nazis era, en lo que a Arendt respectaba, comparable a haber apoyado la Solución Final. Al no poner en cuestión lo que le decían que hiciera y llevar a cabo esas órdenes, tomó parte en un asesinato en masa por más que, desde su punto de vista, sólo estuviera organizando los horarios de los trenes. En un momento dado del juicio, declaró incluso estar actuando de acuerdo con la teoría del deber moral de Immanuel Kant, queriendo indicar que había hecho lo correcto por seguir órdenes. No había comprendido que Kant creía que tratar a los seres humanos con respeto y dignidad era un hecho consustancial a la moral.

 Karl Popper fue un intelectual vienés suficientemente afortunado para escapar del Holocausto y los puntuales trenes de Eichmann.

3º TRABAJO DE FILOSOFÍA – EL HOMBRE QUE NO HACÍA PREGUNTAS (HANNAH ARENDT Y ADOLF EICHMANN)

1º PARTE
Para ilustrar tu trabajo, puedes dibujar cualquier motivo relacionado con el Holocausto: yo te invito a que escribas la siguiente frase que estaba inscrita en la puerta de entrada del lager de Buchenwald

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Sobre Eichmann

1º Busca información sobre los siguientes asuntos (MÍNIMO 20 PALABRAS POR ÍTEM):

a)   la II Guerra Mundial

b) el antisemitismo (busca en la wiki)

c) el antisemitismo nazi: aquí tienes que explicar qué fueron 
- las “Leyes de Nüremberg”; 
- la “Noche de los cristales rotos”; 
- los guetos; 
- la Conferencia de Wannsee y
- la "Solución Final" (busca en la entrada de la Wiki “antisemitismo” en el apartado “siglo XX”)

d)  el Holocausto y los campos de exterminio (busca información en los artículos correspondientes de la Wikipedia)
 
e) Adolf Eichmann (también en la Wiki)


2º a) Busca en un traductor alemán-español la traduccion al español de la frase en alemán "JEDEM DAS SEINE".

b) Busca en internet (en la página: "el de dar a cada uno lo suyo-confilegal") 1º ¿de qué es definición esta frase?; 2º ¿qué jurista romano la utilizaba?; 3º ¿cuáles son según este jurista romano los tres principios del derecho?

      c) ¿Por qué crees que los nazis decidieron poner esta inscripción en la entrada de uno de sus campos?

3º Lee ahora la parte del capítulo en el que nos hablan de Adolf Eichmann y explica detalladamente qué papel jugó Eichmann en la ejecución de la “Solución Final”.

4º ¿Cuál es tu opinión respecto a la pregunta que se formula en el libro “¿Era Eichmann una especie de bestia malvada, un sádico que disfrutaba con el sufrimiento de otras personas?”?

2º PARTE
Sobre Hannah Arendt

Puedes ilustrar tu trabajo con cualquier motivo relacionado con Hannah Arendt, Eichmann o el Holocausto. Aquí te propongo este perfil de Eichmann y esas vías de tren que conducen  a la entrada de un campo de exterminio


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-          1º Busca información sobre la vida de:
       - Hanna Arendt (Wiki; no olvides indicar el título de tres obras importantes que escribió).
-                    -  Martin Heidegger (Wiki; no olvides indicar el título de tres obras importantes que escribió).

2º ¿Cuál era el principal interés de Hanna Arendt para cubrir como corresponsal de la revista New Yorker el juicio de Eichmann en Jerusalén?

3º Para aquellos que le juzgaban, Eichmann era, al igual que la mayoría de los nazis que habían participado directamente en la Solución Final, un racista sádico y sin escrúpulos. La opinión de Arendt era muy distinta. ¿Quién era a su juicio Adolf Eichmann?

4º ¿Por qué Eichmann creía que no había hecho nada malo?

5º ¿por qué algunos críticos de Arendt decían que Eichmann la había engatusado?

6º ¿Qué es la banalidad del mal?

7º Para Arendt, Eichmann carecía de imaginación y no era muy inteligente (carecía de empatía, de incapacidad de ponerse en el lugar de los otros), pero no tenía sentimientos perversos, sádicos, de odio hacia los judíos. Eichmann era un hombre normal que era incapaz de matar a una mosca. Pero entonces, ¿Cómo pudo hacer lo que hizo?

martes, 3 de octubre de 2017

SÓCRATES Y PLATÓN


Capítulo 1

El hombre que hacía preguntas: Sócrates y Platón

SÓCRATES

    Hará unos dos mil cuatrocientos años, ejecutaron a un hombre en Atenas por hacer demasiadas preguntas. Hubo otros filósofos antes de él, pero fue con Sócrates que la disciplina adquirió entidad. Si la filosofía tiene un santo patrón, ése es Sócrates.

    De nariz respingona, gordinflón, desastrado y un poco extraño, Sócrates no encajaba. Aunque era físicamente feo y solía ir sucio, tenía un gran carisma y una mente brillante. Todo el mundo en Atenas estaba de acuerdo en que nunca había habido alguien como él y probablemente no lo volvería a haber. Era único. Pero también extremadamente molesto. Se veía a sí mismo como uno de esos moscardones que pican: los tábanos. Son molestos, pero en el fondo no hacen ningún daño. Sin embargo, no todo el mundo en Atenas estaba de acuerdo. Algunos le adoraban; otros le consideraban una influencia peligrosa.

   De joven había sido un valiente soldado y había luchado en las guerras del Peloponeso contra los espartanos y sus aliados. Ya maduro, deambulaba por la plaza del mercado, deteniendo a personas de vez en cuando y haciéndoles preguntas incómodas. Ésa era más o menos su única ocupación. Las preguntas que hacía, sin embargo, eran afiladísimas. Parecían sencillas; pero no lo eran.

    Un ejemplo sería la siguiente conversación con Eutidemo. Sócrates le preguntó si engañar se podía considerar un acto inmoral. Por supuesto que sí, le contestó Eutidemo. Le parecía que era obvio. Pero, le preguntó Sócrates, ¿qué pasa si le robas el cuchillo a un amigo que se encuentra muy deprimido y podría intentar suicidarse? ¿Acaso no es eso un engaño? Por supuesto que lo es. ¿Y hacer eso no es más moral que inmoral? Sí, contestó Eutidemo, quien a estas alturas ya se había hecho un lío. Mediante un inteligente contra- ejemplo, Sócrates le había demostrado que su presunción de que engañar es inmoral no se podía aplicar a todas las situaciones. Hasta entonces, Eutidemo no había sido consciente de ello.

    Una y otra vez, Sócrates les demostraba a las personas que se encontraban en la plaza del mercado que en realidad no sabían lo que creían saber. Un mando militar podía comenzar una conversación absolutamente convencido de lo que significaba «valentía» y, tras veinte minutos en compañía de Sócrates, terminar completamente confundido. La experiencia debía de ser desconcertante. A Sócrates le encantaba poner al descubierto los límites de lo que los demás realmente comprendían, así como cuestionar los postulados sobre los que construía su vida. Para él, una conversación en la que todo el mundo terminaba dándose cuenta de lo poco que sabía era un éxito. Mucho mejor que seguir creyendo que comprendías algo cuando en realidad no era así.

     En aquella época, los atenienses ricos enviaban a sus hijos a estudiar con los sofistas. Se trataba de unos profesores muy inteligentes que instruían a sus alumnos en el arte de la oratoria y que recibían por ello unos honorarios muy elevados. Sócrates, en cambio, no cobraba por sus servicios. De hecho, aseguraba que no sabía nada así que, ¿cómo iba él a enseñar algo? Esto, sin embargo, no fue óbice para que los alumnos acudieran a él y asistieran a sus conversaciones. Tampoco le hizo demasiado popular entre los sofistas.

    Un día, su amigo Querefonte fue a ver al oráculo de Apolo en Delfos. El oráculo era una anciana sabia, una sibila, que contestaba las preguntas que le hacían sus visitantes. Solía ofrecer respuestas en forma de acertijo. «¿Hay alguien más sabio que Sócrates?», le preguntó Querefonte. «No», fue la respuesta. «Nadie es más sabio que Sócrates.»

    Cuando Querefonte se lo contó a Sócrates, al principio éste no se lo creyó. Le resultó realmente desconcertante. «¿Cómo puedo ser el hombre más sabio de Atenas si sé tan poco?», pensó. Y se pasó años haciéndole preguntas a otros para ver si había alguien más sabio que él. Finalmente, entendió lo que había querido decir el oráculo y concluyó que tenía razón. Mucha gente era buena en lo que hacía; los carpinteros eran buenos en la carpintería, y los soldados sabían luchar. Pero ninguno de ellos era realmente sabio. No sabían realmente de lo que hablaban.

    La palabra «filósofo» proviene de las palabras griegas que significan «amor por el saber». La tradición filosófica occidental, objeto de este libro, surgió en la Antigua Grecia y se expandió por vastas regiones del mundo, asimilando en ocasiones ideas procedentes de Oriente. La sabiduría que valora está basada en la discusión, el razonamiento y el cuestionamiento, no en creer algo simplemente porque alguien importante te ha dicho que es cierto. Para Sócrates, la sabiduría no consistía en saber muchas cosas o en cómo hacer algo. Significaba comprender la verdadera naturaleza de nuestra existencia, incluidos los límites de lo que podemos conocer. Hoy en día, los filósofos hacen más o menos lo mismo que Sócrates: cuestionan las cosas y examinan distintas razones y evidencias con el fin de llegar a responder algunas de las preguntas más importantes que nos podemos hacer sobre la naturaleza de la realidad y cómo debemos vivir.   A diferencia de Sócrates, sin embargo, los filósofos modernos disponen de la ventaja de casi dos mil quinientos años de pensamiento filosófico sobre los que fundamentarse. Este libro examina ideas de algunos de los pensadores clave que conforman esta tradición de pensamiento occidental, una tradición que Sócrates inició.

    Lo que hacía a Sócrates tan sabio era que no dejaba de formular preguntas y siempre estaba dispuesto a debatir sus ideas. La vida, declaró en una ocasión, sólo merece la pena si uno piensa en lo que está haciendo. Una existencia irreflexiva es válida para un animal, pero no para los seres humanos.

    Cosa inusual para un filósofo, Sócrates se negó a dejar nada escrito. Para él, hablar era mucho mejor que escribir. Las palabras escritas no pueden replicarle a uno; ni tampoco explicarle nada cuando no las entiende. La conversación cara a cara, mantenía él, es mucho mejor. En una conversación podemos tener en cuenta el tipo de persona con el que hablamos y adaptar lo que decimos para comunicar el mensaje. Como Sócrates no dejó nada escrito, básicamente conocemos a través de su pupilo estrella, Platón, sus ideas y las cosas sobre las que discutía. 

PLATÓN

Platón escribió una serie de conversaciones entre Sócrates y las personas a las que preguntaba. Son lo que se conoce como Diálogos Platónicos y son grandes obras literarias además de filosóficas. En cierto modo, Platón fue el Shakespeare de su época. Leyendo estos diálogos, podemos hacernos una idea de cómo era Sócrates; de su inteligencia y de lo exasperante que podía llegar a ser.

    Aunque en realidad no es tan sencillo, pues no podemos estar siempre seguros de si Platón escribió lo que Sócrates realmente dijo o si puso sus propias ideas en boca de un personaje llamado «Sócrates».

    Una de las ideas que la mayoría de la gente considera más de Platón que de Sócrates es que el mundo no es para nada como parece. Hay una diferencia significativa entre la apariencia y la realidad. La mayoría de nosotros confundimos apariencia con realidad. Creemos que las sabemos diferenciar, pero no es así. Platón creía que sólo los filósofos comprenden cómo es realmente el mundo. En vez de confiar en sus sentidos, descubren la naturaleza de la realidad gracias al pensamiento.

    Para argumentar esto, Platón describió una caverna en la que hay personas encadenadas de cara a uno de los muros. Ante ellos ven sombras parpadeantes que toman por la realidad. No lo es. Se trata de las sombras que hacen los objetos que hay delante de una hoguera. Estas personas se pasan toda la vida creyendo que las sombras que se proyectan en la pared son el mundo real. Entonces uno de ellos se libera de sus cadenas y se vuelve hacia el fuego. Al principio tiene la mirada borrosa, pero al poco comienza a ver dónde se encuentra. Poco después, consigue salir a trompicones de la cueva y finalmente logra ver el sol. Cuando regresa, nadie cree lo que cuenta sobre el mundo exterior. El hombre que se ha liberado es como un filósofo. Ve más allá de las apariencias. La gente común no tiene mucha idea de lo que es la realidad porque se conforman con mirar lo que tienen delante en vez de reflexionar profundamente sobre ello. Pero las apariencias engañan. Lo que ven son sombras, no la realidad.

    Esta historia de la caverna está relacionada con lo que se conoce como la Teoría de las Formas de Platón. El modo más sencillo de comprender esta teoría es mediante un ejemplo. Pensemos en todos los círculos que hemos visto en nuestra vida. ¿Alguno de ellos era un círculo perfecto? No. Ninguno era absolutamente perfecto. En un círculo perfecto, cada punto de la circunferencia estaría exactamente a la misma distancia del centro. En la realidad, los círculos no son así. Sin embargo, entendemos perfectamente qué queremos decir cuando utilizamos las palabras «círculo perfecto». Entonces, ¿qué es un círculo perfecto? Platón diría que la idea de un círculo perfecto es la Forma de un círculo. Si uno quiere comprender lo que es un círculo, debería pensar en su Forma, no en lo que uno puede dibujar o experimentar a través del sentido de la vista, pues éstos son imperfectos de uno u otro modo. De igual manera, pensaba Platón, si uno quiere comprender lo que es la bondad, necesita concentrarse en la Forma de la bondad, no en ejemplos particulares que uno haya presenciado. Los filósofos son las personas más adecuadas para pensar sobre las Formas de este modo abstracto, ya que la gente común se deja llevar por el mundo que perciben sus sentidos.

    Puesto que a los filósofos se les da bien pensar sobre la realidad, Platón creía que ellos debían mandar y ostentar todo el poder político. En La República, su obra más célebre, describió una sociedad perfecta imaginaria en la que los filósofos ostentarían la máxima autoridad y recibirían una educación especial; a cambio, sacrificarían sus propios placeres por el bien de los ciudadanos a los que gobernasen. Por debajo de ellos, estarían los soldados que habrían sido entrenados para defender el país, y bajo éstos se encontrarían los trabajadores. Estos tres grupos, creía Platón, estarían en perfecto equilibrio; un equilibrio que sería como una mente en la que la razón mantuviera las emociones y los deseos a raya. Lamentablemente, este modelo de sociedad era profundamente antidemocrático, pues en él se mantendría a la gente bajo control mediante una combinación de mentiras y fuerza. Platón hubiera prohibido la mayor parte del arte, aduciendo que proporciona falsas representaciones de la realidad. Los pintores pintan apariencias, y éstas representan las Formas de un modo engañoso. Todos los aspectos de la república ideal de Platón estarían estrictamente controlados desde arriba. Sería lo que ahora llamaríamos un estado totalitario. Platón creía que dejar votar a la gente era como permitir que los pasajeros gobernaran una nave; mucho mejor dejar al mando a quienes saben lo que hacen.

Y DE NUEVO SÓCRATES

    La Atenas del siglo v no se parecía demasiado a la sociedad que Platón imaginó en La República. Era algo así como una democracia, si bien únicamente alrededor del diez por ciento de la población podía votar. Las mujeres y los esclavos, por ejemplo, estaban automáticamente excluidos. Sin embargo, todos los ciudadanos eran iguales ante la ley, y existía un complejo sistema de sorteo para asegurarse de que todo el mundo tenía la posibilidad de influenciar en las decisiones políticas.

    Atenas no valoró a Sócrates en la misma medida que lo hizo Platón. Antes al contrario. Muchos atenienses pensaban que Sócrates era peligroso y estaba socavando el gobierno deliberadamente. En el año 399 a. C., cuando Sócrates tenía 70 años, uno de ellos, Meleto, le llevó ante un tribunal. Aseguraba que Sócrates estaba dejando de lado a los dioses atenienses e introduciendo nuevos dioses propios. También sugirió que enseñaba a los jóvenes atenienses a comportarse mal y les animaba a volverse en contra de las autoridades. Eran acusaciones muy serias. Es difícil saber cuán ciertas eran. Puede que Sócrates sí animara a sus alumnos a dejar de seguir la religión del Estado, y se sabe que le gustaba burlarse de la democracia ateniense. Eso concordaría con su carácter. En cualquier caso, lo que sin duda es cierto es que muchos atenienses creyeron los cargos que se le imputaban.

    Votaron si lo consideraban o no culpable. Poco más de la mitad de los 501 ciudadanos que componían el enorme jurado creyeron que sí lo era y lo sentenciaron a muerte. Si hubiera querido, probablemente Sócrates habría podido convencerles para que no lo ejecutaran. En vez de eso, fiel a su reputación de tábano, irritó todavía más a los atenienses argumentando que no había hecho nada malo y que, de hecho, deberían recompensarle con comidas gratuitas para el resto de su vida en vez de castigarle. Esto no sentó demasiado bien.

    Lo ejecutaron obligándole a ingerir cicuta, un veneno que paraliza el cuerpo gradualmente. Antes de morir, Sócrates se despidió de su mujer y sus tres hijos y luego reunió a sus alumnos a su alrededor. Si hubiera tenido la oportunidad de seguir viviendo tranquilamente, sin hacer más preguntas difíciles, no la habría aceptado. Prefería morir. Una voz interior le impelía a seguir cuestionándolo todo, y no podía traicionarla. Luego se bebió el veneno. Poco después murió.
 
    Sócrates sigue vivo en los diálogos de Platón. Este hombre difícil, que no dejaba de hacer preguntas y que prefería morir a dejar de pensar en cómo son realmente las cosas, ha sido desde entonces una inspiración para los filósofos.

     Sócrates tuvo una gran influencia sobre quienes le trataron. Tras la muerte de su maestro, Platón siguió enseñando de acuerdo a su espíritu. Su discípulo más relevante fue, de lejos, Aristóteles, un pensador muy distinto a ambos.









1º TRABAJO DE FILOSOFÍA – EL HOMBRE QUE HACÍA PREGUNTAS (SÓCRATES Y PLATÓN)

Si te place, puedes ilustrar la portada de tu trabajo dibujando un tábano

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Sobre Sócrates

1º Busca información sobre los siguientes asuntos (mínimo 20 palabras por cada ítem):

-                      - Las Guerras Médicas

-                      - Las reformas democráticas en Atenas de Efialtes y Pericles

-                      - El imperio ateniense (la Liga de Delos)

-                      - El comienzo de la guerra del Peloponeso

-                     -  El fin de la Guerra del Peloponeso

-                      - La oligarquía de los Treinta Tiranos

-                      - La reinstauración democrática de Trasíbulo

-                     -  El oráculo de Delfos 

Cuestionario del capítulo


2º Recoge todos los datos biográficos sobre la juventud y la muerte de Sócrates que aparecen en el capítulo que acabas de leer (para responder esta pregunta tendrás que leer el capítulo en su totalidad ya que muchos de los datos biográficos aparecen al final del capítulo). Utiliza guiones para consignar y diferenciar los distintos datos biográficos.

3º ¿Por qué a Sócrates le llamaban “el tábano”?

4º ¿Con qué finalidad hacía preguntas Sócrates a sus conciudadanos?

5º ¿Quiénes eran los sofistas? ¿Era Sócrates un sofista?

6º ¿Por qué el oráculo de Delfos afirmó que nadie en toda Grecia es más sabio que Sócrates?

7º ¿Por qué podemos afirmar que Sócrates era un verdadero filósofo, un “amante o buscador de la sabiduría”? (son dos razones)

    1º razón:

    2º razón:

8º ¿Por qué era tan importante para Sócrates hacerse preguntas continuamente?

9º Sócrates era ágrafo. ¿Cómo conocemos entonces hoy en día su pensamiento?

Sobre Platón

10º Ilustra tu trabajo dibujando (y coloreando) los SÓLIDOS PLATÓNICOS, los cinco poliedros regulares descubiertos por Timeo, uno de los discípulos de Platón que da nombre también al libro de cosmología más importante de la Antiguedad: el Timeo. En dicha obra, Platón relacionó cuatro de dichos sólidos con los cuatro elementos materiales fundamentales -agua, tierra, aire y fuego-, y el quinto elemento, el dodecaedro, lo asimiló con el Cosmos. El dibujo que aquí te muestro es el realizado  en su obra "Mysterium Cosmographicum" por el fundador de la astronomía moderna, el astrónomo alemán del siglo XVI-XVII Johannes Kepler. 



11º Ejercicios de contextualización de Platón

A) Haz una reseña biográfica de Platón explicando los principales acontecimientos de su vida (linaje familiar; discípulo de Sócrates; sus tres viajes a Sicilia; fundación de la Academia) Mínimo, 50 palabras

B) Haz también una reseña acerca de la obra de Platón (mínimo 50 palabras). Aquí tienes que explicar:

    a) ¿Qué son los "diálogos" platónicos.

    b) las tres etapas en las que se divide su pensamiento: 

        1º etapa socrática; etapa de madurez; etapa de vejez 

     + 2º características principales de cada etapa 

     + 3º título de tres diálogos de cada etapa.

     +  4º   explicación de lo que tratan los siguientes diálogos: 

            - Apología de Sócrates; 

            - La República: 

            - El Timeo

Cuestionario del capítulo

12º Dibuja cualquiera de estas dos representaciones gráficas del Mito de la Caverna de Platón:






-     
            Explica qué representan:
      - Los prisioneros:
      - El prisionero liberado:
-                   -   Las sombras de la caverna:
-                    -  El mundo exterior:

13º Toda la filosofía de Platón podría quedar contenida en la frase “el mundo no es para nada como parece”. ¿Por qué Platón pensaba eso?

14º ¿A juicio de Platón, quiénes y por qué logran ir más allá de las apariencias y captar la verdadera realidad de las cosas?

15º En el mito de la caverna, Platón cuenta la historia de un prisionero que logra liberarse de las cadenas y salir fuera de la caverna regresando luego para contarle a sus compañeros lo que ha visto. ¿En qué filósofo crees que se inspiró Platón cuando inventó esta fábula?

16º Sobre la Teoría de las Ideas o Formas

    a)¿Qué afirma la Teoría de las Formas?

    b) ¿Te parece el punto de vista de Platón una buena manera de llegar a conocer lo que son los objetos     abstractos como los objetos matemáticos, un círculo por ejemplo? ¿Y para conocer  objetos reales     como una planta? Razona tu respuesta (no basta con contestar con un escueto sí o no)

17º En La República, su más conocido diálogo, Platón imagina cómo sería a su juicio una sociedad perfecta:

       a)      Describe cómo es la sociedad perfecta platónica

             b)      Explica por qué esa sociedad no es una sociedad democrática